La infancia.

    Ese periodo en el que tu gran preocupación es si tus amigos del parque traerán la pelota para jugar. Ese periodo en el que no te importa si te ensucias toda la ropa, en el que dices todo lo que piensas en voz alta y a la gente le parece gracioso. Ese periodo en el que tu mayor miedo es que te manden pronto a dormir o que te regañe tu madre. 
    Estas sólo son una de las miles de cosas buenas que tiene ese periodo de la vida aunque miles de personas no hayan tenido la oportunidad de disfrutarla. Se aprende tanto, se descubren tantas cosas... Se es feliz.
    Luego ya viene la adolescencia. Un periodo totalmente contrario; Te preocupa mucho por la ropa, todo lo que piensas en realidad te lo callas, te acuestas a las tantas incluso entre semana y que te regañe tu madre ya no es uno de tus mayores miedos. 

    Es muy típico decir estas palabras, y sé que no soy la primera pero, todo esto se me ocurrió una noche que estaba cenando con la familia de mi madre y veía a los niños divertirse con tan sólo un tobogán que había en el restaurante donde estábamos. Era precioso verlos tan felices y sin preocupaciones. Y encima eran todos de diferentes edades; Desde 3 años a 10.

              Yo creo que tener una buena infancia debería ser un derecho humano. 




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