Odio las tardes de verano
Las interminables, soleadas y calurosas tardes de verano. El sol de la tarde reflejando en la fachada del edificio de delante y llenando mi habitación de una luz rara que me entristece. Este es el primer verano que he pasado en Galicia y me ha pasado lo mismo que en Valencia: las tardes se me han hecho interminables. No ha hecho mucho calor, por suerte, pero el sol ha estado ahí. Todos los días. Incesante. No entiendo por qué, pero las tardes de sol tan largas acaban afectándome anímicamente, los ánimos me bajan y solo estoy deseando que se esconda detrás de los edificios para que quede menos para la noche. Y claro, encima aquí súmale una hora más de día porque estamos encima de Portugal, que tiene una hora menos. He pensado mucho en ello, en por qué me ocurre esto, y una de las razones que he encontrado es que me recuerdan a las tardes de verano que me pasaba en casa encerrada porque no tenía amigas con las que quedar. O sí las tenía pero me quedaba esperándolas. Me recuerda al m...