Ya no me hago fotos.
A veces entro a mi galería de fotos del móvil porque de repente se me pasa por la cabeza que quiero recordar qué aspecto tenía en cierto momento de mi vida. Desbloqueo el móvil, no me reconoce la cara y tengo que poner el dichoso código. Toco el icono de la galería y deslizo el dedo por la pantalla para navegar entre las fotos de meses y años anteriores hasta llegar al momento que busco. Selecciono una imagen para hacerla más grande, que se vea a pantalla completa. Me analizo: me miro el pelo, qué ropa llevaba, cómo me quedaba, cómo de delgada estaba. Todo repasado al milímetro. Hago zoom para ver si se me notaba la papada, también para ver si la forma de la cara es la misma que la de ahora porque se me ha metido en la cabeza que mi cara ha cambiado y ahora la tengo más redonda. Deslizo de nuevo el dedo hacia arriba, pero esta vez desde la parte inferior de la pantalla para salir de la aplicación y cerrarla. Bloqueo el móvil, lo dejo en la mesa e intento seguir con mi vida. El caso es ...