Me he dado cuenta de que cada verano me obsesiono con mi peso. Hace calor, voy más suelta, me noto y veo más el cuerpo. Error. Y si, además, le sumas que trabajo en casa, por lo que puedo levantarme cuando quiero y mirarme al espejo las veces suficientes como para que roce lo obsesivo, pues ya tienes ahí una combinación horrorosa. Siempre he sido una chica muy delgada, he estado siempre por debajo de lo que llaman “peso ideal” y mi talla era una S del Pull and Bear y una 36 de pantalón (a veces, incluso, una 34). Y aunque cuando estaba así tampoco me libré de los pensamientos nocivos acerca de mi cuerpo, ahora me veo en perspectiva y alucino con cómo podía entrar en según qué prendas. Pero, de unos años a ahora, mi cuerpo ha cambiado. Tengo casi 30 años y peso unos 10 kilos más que en aquella época. Mi peso ha ido oscilando, pero nunca he pasado de una 38 de pantalón. Ayer, sin ir más lejos, me puse a buscar en internet “cómo calcular tu porcentaje de grasa” y como primer resultado me ...
Los gorriones son mis compañeros de trabajo estos días en los que estoy enfrascada en el trabajo final de máster. En el rincón donde trabajo tengo un ventanal que tiene un alféizar de un tamaño considerable. Desde que vivo aquí he pasado muchas horas en este rincón mirando hacia la ventana, aunque dé a una fachada y para ver el cielo tenga que moverme. Un gato asomado por la ventana mirando con interés qué ocurre en la calle, la vecina tendiendo la ropa en el balcón y los gorriones que alguna vez se han apoyado en el alféizar para descansar entre vuelos. Los vecinos de abajo tienen el cacharro del aire acondicionado fuera, al lado de la ventana de la cocina. Cuando me asomo, mi visión cenital me permite ver un cuenco con agua y otro con comida. Alguna vez he pillado a varios gorriones descansando ahí también. Uní conceptos: gorriones en el alféizar y comida encima del cacharro del aire , así que pensé en poner un bol con agua y trozos de pan en la ventana de donde trabajo para ve...
Ayer y hoy he dedicado un buen rato de la mañana a dibujar en lo que he denominado mi sketchbook , pero que no empezó siéndolo. Me la compré en la Fnac de San Sebastián, allá por el 2021 y no lo empece a usar como tal hasta hace un tiempo. Primero, lo usé para hacer un ejercicio que me mandó hacer la psicóloga en el que tenía que escribir qué cosas dependían de mí y cuáles no. Ese y el de escribir tres cosas por las que estés agradecida antes de ir a la cama son ejercicios típicos de terapia. Creo, no sé. Tampoco soy terapeuta. Pero yo no venía a hablar de esto, que me entretengo en detalles que no tienen importancia para lo que quiero decir. Que decía que ayer y hoy he dibujado en la libreta y con la página de ayer estoy medio contenta porque recuperé en mi memoria una de mis canciones favoritas de la vida entera: L. Wells, de Franz Ferdinand. Hice algunos dibujos inspirada en la chica que aparece en el videoclip. Rellené los huecos con versos de la canción. En blanco y negro la págin...
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